L’abolició del pensar

Llegit a  Pensar y no caer:

Alexandre Kojève lo presagió en pleno siglo XX. Observó la deriva de un ser humano que no ha sobrevivido a la Historia, un animal posthistórico que sólo será posible en la técnica, ajeno ya al error y al sentido del error; habrá olvidado qué es la negación, desconocerá el conflicto. En palabras suyas, construirá los edificios como hacen los pájaros sus nidos y las arañas sus telas, de igual modo que hará música como las cigarras y las ranas. No necesitará que nada le depare felicidad; el anhelo de placidez se convertirá en un relato del pasado, lo serán también el arte, la filosofía. No tendrá qué indagar. No lo precisará. Agamben lo señala: Kojève está seguro de que nos hallamos a las puertas del final, persuadido de que la época, ya epigónica, hegeliano-marxista ha dado paso al esplendor técnico y a la eclosión de la producción y el consumo, y, por lo tanto, a la abolición del pensar. Sobre este sedimento se han afianzado los fundamentos del siglo XX.

El proceso que ha acelerado este crepúsculo ha sido incentivado, sobre totdo, <<por las dos guerras mundiales, el nazismo y la sovietización de Rusia>>. Kojève sentenció que era precisamente el American way of life el que encarnaba <<el género de vida propio del período post-histórico>>. La idea de superación y victoria, la individualidad sentida como coronación, el fácil ímpetu del dinero y el concienzudo adoctrinamiento impartido por la publicidad, entre otras cosas, determinaron hace años un nuevo mundo, una realidad terrena que ha dado por sobreentendido el sometimiento humano a costa de lo que fuere. Acostumbrarse a malvivir en grandes núcleos de población, suponer que la naturaleza cumple el cometido de un vertedero al que van a parar los restos del exceso, entender la realidad como confort, dar la bienvenida a un mundo que se deteriora a la velocidad de los utensilios que utilizamos, soñar la seguridad, lo programado, la abundancia y la aspiración a almacenarla pertenecen a este hombre posthistórico cuyo inicio anuncia el retorno a lo animal. No por otra cosa ha puesto todas sus fuerzas en idear una felicidad artificial y hacer de ésta una industria pesada.

Y sin embargo, la verdadera memoria del ser humano, tal como ha pervivido, se quiera o no, está en la vigilia, en la dureza de la supervivencia, en la búsqueda sin tasa, en su condición de Sísifo y Atlante a un mismo tiempo […]”

Ramón Andrés dixit.

(La imatge, obra de Xue Jiye at The Ministre of Art, és un fragment de la portada del llibre de Ramón Andrés: Pensar y no caer, Ed. Acantilado, Barcelona, 2016. ISBN:978-84-16748-13-6)